¿Por qué tengo miedo de que algo malo vaya a pasar pronto? Cuando la ansiedad empieza a controlar tu vida
Hay personas que llegan a consulta y describen algo que, al principio, parece difícil de explicar. "No sé qué me pasa, pero siento que algo malo va a ocurrir", "Creo que no estoy preparado para lo que pasará", "Las cosas irán mal en cualquier momento", "Para qué hacer planes si voy a morir en cualquier momento" No necesariamente existe un peligro concreto. No están frente a una amenaza evidente ni acaba de ocurrir algo extraordinario. Sin embargo, el problema empieza cuando...
PSICOLOGÍA BASADA EN EVIDENCIA
Psic. Ruben Urquiza
9/9/20267 min leer


¿Por qué tengo miedo de que algo malo vaya a pasar pronto? Cuando la ansiedad empieza a controlar tu vida
Hay personas que llegan a consulta y describen algo que, al principio, parece difícil de explicar. "No sé qué me pasa, pero siento que algo malo va a ocurrir", "Creo que no estoy preparado para lo que pasará", "Las cosas irán mal en cualquier momento", "Para qué hacer planes si voy a morir en cualquier momento"
No necesariamente existe un peligro concreto. No están frente a una amenaza evidente ni acaba de ocurrir algo extraordinario. Sin embargo, el cuerpo permanece alerta y su "mente" parece estar constantemente buscando aquello que podría salir mal.
Algunas personas comienzan pensando que simplemente están atravesando una etapa de estrés. Otras creen que se han vuelto demasiado preocupadizas. Y algunas empiezan a pensar que quizá tienen una enfermedad, que están perdiendo el control o que existe algo dentro de ellas que no funciona correctamente.
El problema aparece cuando esa sensación deja de ser ocasional y empieza a modificar la manera en que viven y se relacionan con los demás.
Cuando empiezas a buscar peligros que todavía no existen
Una de las cosas que observo con frecuencia en consulta es que la persona comienza a prestar una atención extraordinaria a todo aquello que podría representar una amenaza para sí mismo.
Un pequeño cambio corporal puede convertirse en una señal que necesita ser investigada. Es decir, una sensación en el pecho, un mareo, una dificultad momentánea para respirar o una aceleración del corazón pueden desencadenar una cadena interminable de preguntas.
"¿Y si esto significa algo?", "¿Y si me pasa algo mientras estoy solo?", "¿Y si pierdo el control?", "¿Y si esta vez es diferente?" "Y si..."
Empiezan a tener pensamientos que parecen adelantarse al peligro para evitar que ocurra. Y parece una estrategia bastante razonable.
El problema es que, cuando intentamos encontrar absolutamente todas las cosas que podrían salir mal, siempre encontraremos alguna. Como dice la frase: "El que busca encuentra" y como me gusta decirlo a los consultantes: "El que busca encontrará, incluso aquello que generó sin darse cuenta"
La búsqueda de seguridad puede convertirse en una trampa
Cuando una persona teme que algo malo pueda suceder, naturalmente intenta sentirse segura. Y muchas veces intentamos hacerlo comprobando cómo está nuestro cuerpo, buscando información en internet, preguntando a otras personas lo que sentimos, acudiendo repetidamente al médico, evitando determinadas situaciones o procurar no quedarnos a solas.
También puede comenzar a necesitar que alguien acompañe para realizar actividades que antes hacía con normalidad ¡Y aquí empieza el problema!
Durante un tiempo, estas conductas parecen funcionar. Ya que la persona comprueba que está bien y siente alivio. Pregunta a alguien y recibe tranquilidad. Evita una situación y la ansiedad disminuye ¡Muchas veces de golpe!
El problema es precisamente ese alivio.
Cada vez que la persona consigue reducir rápidamente el malestar mediante una comprobación corporal (para saber si nada malo nos está ocurriendo) una evitación o una búsqueda de seguridad, aumenta la probabilidad de volver a utilizar esa estrategia cuando aparezca nuevamente la incertidumbre. O sea, terminamos comprobando y monitoreando los malestares corporales una y otra y otra y otra y otra vez...
Sin darnos cuenta, empiezamos a aprender algo bastante peligroso:
"Cuando siento miedo, necesito hacer algo para asegurarme de que estoy a salvo." y bueno, ¡Así empezamos a meternos en un bucle de comprobaciones constantes!
Entonces la vida empieza a organizarse alrededor del miedo
Al principio quizá solamente evita una situación concreta. Después empieza a evitar otras. Deja de conducir. Deja de viajar. Evita hacer ejercicio porque teme que las sensaciones corporales puedan significar algo peligroso. Prefiere no salir sola. Deja de acudir a determinados lugares ya sea solo o incluso acompañado.
Puede incluso comenzar a modificar su alimentación, su descanso, sus relaciones o sus actividades cotidianas para evitar cualquier posibilidad de experimentar nuevamente aquella sensación.
Y aquí aparece algo que muchas personas no identifican hasta que lo conversamos en terapia.
La ansiedad ya no solamente está produciendo malestar. Está empezando a decidir por ellas.
Me gusta explicarles a mis consultantes, que tal parece que no tienen ansiedad, la ansiedad los tiene a ellos. Cada decisión comienza a pasar por el mismo filtro:
"¿Esto será seguro?", "¿Y si me ocurre algo?", "¿Y si aparece nuevamente esa sensación?"
La persona ya no está preguntándose únicamente qué quiere hacer. Está intentando descubrir qué puede hacer sin sentir miedo. Y esas dos preguntas conducen a vidas completamente diferentes.
El momento en que empiezas a tener miedo de tus propias sensaciones
En algunas personas aparece otro fenómeno especialmente importante. Después de experimentar una crisis de ansiedad muy intensa, pueden comenzar a temer que vuelva a ocurrir. Sucede que el corazón se acelera y aparecen pensamientos de que algo malo está sucediendo y que quizá ¡Se van a morir pronto!
La respiración cambia y aparece el temor de perder el control. Aparece un mareo y comienza la vigilancia. Entonces la persona empieza a observar su cuerpo constantemente para detectar cualquier señal que pueda anunciar otra crisis.
Paradójicamente, esa vigilancia hace que perciba todavía más sensaciones. Y esas sensaciones pueden volver a interpretarse como señales de peligro ya que la persona ¡Termina rodeada de múltiples pensamientos de catástrofe!
Así puede establecerse un círculo donde miedo, atención corporal, interpretación catastrófica y conductas de seguridad terminan alimentándose entre sí, metiendo a la persona en un bucle sin aparente salida.
Esto no significa que todas las personas que experimentan ansiedad desarrollarán un trastorno de pánico. Pero sí muestra por qué, cuando este patrón comienza a aparecer, resulta importante comprenderlo antes de que termine generalizándose a cada vez más situaciones. Y por ende, limitando la vida de la persona como si estuviera enjaulada.
"Pero si evitarlo me hace sentir mejor, ¿por qué tendría que dejar de hacerlo?"
Esta es probablemente una de las partes más difíciles de comprender. Ya que, si evitar una situación reduce la ansiedad, ¿Por qué sería un problema?
Justamente porque el alivio inmediato no siempre nos indica que esta estrategia está funcionando a largo plazo ¡Aunque a corto plazo parezca que sí!
Una persona puede sentirse mucho mejor después de cancelar un viaje. Puede sentirse tranquila después de comprobar cinco veces que su corazón está funcionando correctamente. Puede sentirse segura después de preguntarle a alguien si realmente cree que está enferma. Puede sentirse protegida al no salir sola.
El problema es que para vivir "tranquilos" empezamos a depender de esas estrategias de comprobación y monitoreo.
Y aquello que inicialmente parecía una solución puede terminar convirtiéndose en una condición necesaria para poder sentirse suficientemente segura.
El objetivo de la terapia no es conseguir que nunca vuelvas a sentir ansiedad
Aquí es donde suele ser necesario cambiar completamente la manera de entender el problema. En terapia no busco construir una vida en la que jamás aparezca ansiedad, miedo o incomodidad. Eso sería una promesa bastante sospechosa. Y de seguro te hará pensar mucho.
Busco comprender qué está ocurriendo y qué conductas están manteniendo actualmente el problema. Por eso la evaluación psicológica de tu contexto resulta fundamental.
No comienzo simplemente preguntando qué síntomas tienes para colocarte inmediatamente una etiqueta, ya que las etiquetas o diagnósticos no suelen servir de mucho para hacer un buen tratamiento. Necesito comprender qué ocurrió, desde cuándo sucede, en qué situaciones aparece, qué haces cuando aparece y qué consecuencias tienen esas respuestas para tí mismo mediante multiples análisis funcionales.
A partir de ahí podemos construir una explicación del problema que la persona pueda comprender.
En mis sesiones suelo representar estos patrones mediante diagramas que vamos construyendo progresivamente. La idea es que la persona pueda observar qué situación desencadena determinada respuesta, qué hace posteriormente para sentirse mejor y cómo esa misma estrategia puede estar manteniendo el problema. Así vamos dibujando lo que ocurre, teniendo en cuenta que es la persona quien debe comprender lo que le sucede y no solamente yo.
Cuando el patrón deja de ser algo confuso que ocurre "dentro de la cabeza" y empieza a verse delante de nosotros, muchas personas pueden decir por primera vez:
"Ahora entiendo qué me está pasando" y ahí empezamos a sacarlos del bucle.
Recuperar tu vida ocurre conducta por conducta
Después de comprender el patrón, el trabajo no consiste simplemente en conversar sobre él durante meses. Comenzamos a trabajar progresivamente sobre aquellas conductas que han ido quedando fuera de la vida de la persona. Una conducta a la vez, de manera gradual.
En contextos cada vez más cercanos a su ambiente natural, como su trabajo, su casa, su centro de estudios, etc. La intención no es obligarla a soportar cantidades absurdas de malestar para demostrar que es fuerte. Tampoco se trata de lanzarla de golpe hacia todo aquello que teme.
Se trata de construir nuevas formas de responder y recuperar progresivamente actividades que habían quedado subordinadas a la ansiedad mediante el tratamiento/entrenamiento psicológico que realizamos en sesión.
Y hay una parte que considero especialmente importante: volver a conectar lo que antes hacía la persona con naturalidad, con sus principios de vida valiosos, osea, aquello que representa el verdadero modo en el que quiere vivir.
Porque recuperar la capacidad de viajar, conducir, trabajar, estudiar, relacionarse o salir sola tiene poco sentido si simplemente estamos acumulando actividades como quien llena una lista ¡Y ese no es el punto!
La pregunta importante es para qué quiere recuperar todo eso.
Quizá la vida no tenga que esperar a que desaparezca el miedo
Uno de los cambios más importantes que observo ocurre cuando la persona comienza a comprender que puede hacer cosas importantes incluso cuando aparece cierta incomodidad.
Puede sentir ansiedad y continuar. Puede notar una sensación corporal y no convertirla automáticamente en una emergencia. Puede experimentar incertidumbre y tomar una decisión. Puede salir de casa sin necesitar sentirse completamente segura.
Poco a poco, la ansiedad deja de ser el criterio que determina lo que puede o no puede hacer. Y entonces ocurre algo que va mucho más allá de "tener menos síntomas". La persona comienza nuevamente a vivir. No porque haya conseguido controlar perfectamente todo lo que siente. Sino porque ya no necesita controlar todo lo que siente para poder avanzar.
Cuando pedir ayuda puede marcar una diferencia
Si llevas tiempo sintiendo que algo malo podría ocurrir, vigilando constantemente tus sensaciones, evitando situaciones o modificando tu vida para mantener la ansiedad bajo control, puede ser útil realizar una evaluación psicológica para comprender qué está ocurriendo y qué está manteniendo actualmente ese patrón.
Brindo atención psicológica presencial en Lima, Perú, y también en modalidad online. Mi trabajo parte de una evaluación detallada del contexto y de las conductas que mantienen el problema para posteriormente intervenir de manera progresiva, utilizando un enfoque conductual contextual y basado en evidencia.
El objetivo no es construir una vida en la que nunca sientas miedo.
Es ayudarte a construir una vida en la que el miedo deje de decidir por ti. Puedes contactarnos haciendo click aquí.
Psic. Ruben Urquiza
Psicoterapeuta Conductual Contextual
Contacto @psicorube
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