Cuando querer lo mejor para tus hijos termina siendo violencia psicológica

En la crianza hay una trampa muy común y socialmente aplaudida: creer que hacer sufrir hoy garantiza un adulto fuerte mañana. Bajo esa lógica aparecen prácticas que no se viven como violencia, sino como “responsabilidad”, “formación de carácter” o “amor duro”. El problema es que…

AUTOESTIMA Y ACEPTACIÓN

Ruben Urquiza

1/16/20263 min leer

Cuando querer lo mejor para tus hijos termina siendo violencia psicológica

En la crianza hay una trampa muy común y socialmente aplaudida: creer que hacer sufrir hoy garantiza un adulto fuerte mañana. Bajo esa lógica aparecen prácticas que no se viven como violencia, sino como “responsabilidad”, “formación de carácter” o “amor duro”. El problema es que, funcionalmente, muchas de esas prácticas operan como castigo psicológico crónico.

Sobreprotección, exigencia académica extrema, corrección constante y la comparación no aparecen de la nada. Suelen estar sostenidas por una regla potente: “si no lo presiono, se volverá débil, incompetente o fracasado”. Esa creencia organiza la conducta de algunos padres. Y justamente por eso el daño no es accidental, es sistemático.

El mensaje que no se dice, pero se aprende

Cuando a un niño, adolescente o incluso adulto se le corrige todo, se le compara, se le exige más de lo que su repertorio permite y se invalida lo que siente, el mensaje no es “esfuérzate”. El mensaje real es otro: “como eres ahora, no basta”.

Frases como “no seas un mariquita”, “hazte hombre”, “no llores”, “no exageres” dichas a hombres o mujeres por igual no eliminan la tristeza ni el miedo. Las castigan. Y cuando una emoción es castigada de forma repetida, no desaparece: se esconde. Se vuelve vergüenza, culpa, autocensura.

Lo grave es que ya no hablamos solo de infancia. Muchos consultantes llegan a terapia siendo adolescentes o adultos y siguen viviendo bajo ese mismo patrón. Emociones como la tristeza, el cansancio o la desdicha siguen estando prohibidas. Siguen “mal”.

¿Qué produce este tipo de crianza?

A largo plazo, el efecto no es fortaleza. Es evitación. Evitar sentir. Evitar fallar. Evitar decepcionar.

Algunos evitan el malestar aislándose, otros consumiendo sustancias, otros autolesionándose, otros huyendo del hogar o tomando decisiones apresuradas solo para no estar cerca de quienes los juzgan. No porque no amen a sus padres, sino porque estar con ellos duele.

Paradójicamente, muchos se vuelven más dependientes de aquello mismo que los hiere. Necesitan aprobación constante, viven con miedo a equivocarse y se autocastigan cuando fallan. La inseguridad se vuelve rasgo, no etapa.

Desde el análisis funcional, estamos frente a una crianza basada en control coercitivo: castigo positivo (humillación, culpa, reproche) que reduce conductas momentáneamente, pero mantiene el problema por refuerzo negativo. El alivio aparece cuando el hijo obedece, se somete o se calla. Y eso refuerza todo el sistema.

El daño más profundo: aprender qué es el amor

Quizá el efecto más devastador no es conductual, sino relacional. Estos hijos aprenden que el amor implica coerción, chantaje emocional y control. Que ser querido duele. Que para valer hay que aguantar.

Luego, en la adultez, no sorprende que toleren relaciones donde se les humilla, se les controla o se les exige sin medida. Eso es lo familiar. Eso es lo que “se siente” como amor.

La autoestima queda lastimada desde la raíz. No como una idea, sino como una experiencia corporal constante de insuficiencia.

El autoengaño que lo sostiene todo

Cuando los padres miran las consecuencias años después (distancia emocional, evitación, consumo, culpa crónica) aparece el último muro defensivo:

“Lo hice por su bien”, “Ahora es mejor que yo”, “Si no hubiera sido así, sería peor”.

Son autoengaños funcionales. No buscan verdad, buscan evitar la culpa por parte del padre. El error más grave no es haberse equivocado al criar. Es creer que nunca se equivocaron.

Cuestionar la propia crianza no destruye a una familia. Lo que la destruye es sostener la violencia con orgullo moral.

Criar no es quebrar

Criar no implica eliminar el malestar ni formar soldados emocionales. Implica acompañar, modelar la regulación, permitir el error y validar la experiencia interna sin renunciar a los límites.

La disciplina que construye no humilla.

La exigencia que educa no aplasta.

El amor que cuida no necesita vergüenza.

Muchos adultos no necesitan “sanar su infancia”. Necesitan entender que lo que vivieron no fue fortaleza, fue supervivencia. Y desde ahí, empezar a construir algo distinto.

Porque querer lo mejor para un hijo no garantiza hacerlo bien.

Pero atreverse a revisar el daño, sí abre la posibilidad de no repetirlo.

💬 ¿Te gustaría seguir leyendo artículos como este cada semana? Puedes dejar tu correo abajo para suscribirte y recibir mis artículos directamente en tu bandeja de entrada.

🧩 ¿Tienes dudas sobre tu relación o estás pasando por un momento de confusión afectiva? Déjame tu número de WhatsApp en la casilla correspondiente y accederás a una preconsulta gratuita, donde podremos conversar brevemente sobre tu caso y orientarte en los siguientes pasos.

🌿 Si deseas iniciar un proceso terapéutico conmigo. Haz clic en el botón de contacto directo para escribirme o llamarme. Estoy a tu disposición para acompañarte en este proceso de forma clara, profesional y con un enfoque basado en evidencia.