¿Cómo saber si realmente necesito ir al psicólogo? La pregunta que casi nadie se hace
Existe una idea bastante extendida sobre las personas que acuden a terapia. Muchas imaginan que alguien decide buscar un psicólogo porque “ya no puede más” o porque ha recibido un diagnóstico. Sin embargo, después de trabajar con muchas personas, puedo decir que esa rara vez es la historia con la que comienza una primera sesión. La mayoría no llega diciendo: “Necesito terapia.” Llega diciendo cosas muy distintas. “Ya no sé qué hacer.”, “He intentado resolverlo solo.”, “Pensé que con el tiempo se me iba a pasar.”
AUTOESTIMA Y ACEPTACIÓN
Psic. Ruben Urquiza
8/7/20264 min leer


¿Cómo saber si realmente necesito ir al psicólogo? La pregunta que casi nadie se hace
Existe una idea bastante extendida sobre las personas que acuden a terapia. Muchas imaginan que alguien decide buscar un psicólogo porque “ya no puede más” o porque ha recibido un diagnóstico. Sin embargo, después de trabajar con muchas personas, puedo decir que esa rara vez es la historia con la que comienza una primera sesión.
La mayoría no llega diciendo: “Necesito terapia.”
Llega diciendo cosas muy distintas.
“Ya no sé qué hacer.”
“He intentado resolverlo solo.”
“Pensé que con el tiempo se me iba a pasar.”
“Quizá estoy exagerando.”
“No soporto seguir sintiéndome así.”
“Siempre me pasa lo mismo.”
Y, sin darse cuenta, esas frases suelen revelar algo mucho más importante que cualquier diagnóstico.
El problema casi nunca empieza cuando aparecen los síntomas
Una de las primeras cosas que suelo explicar en consulta es que las personas no buscan ayuda porque un día apareció ansiedad, tristeza o miedo. Lo hacen cuando descubren que llevan demasiado tiempo intentando resolver el mismo problema sin conseguirlo.
Han probado distraerse.
Han intentado ser más fuertes.
Han esperado pacientemente a que el tiempo lo cure.
Han hablado con amigos o familiares.
Han buscado respuestas en Google, en YouTube, en inteligencia artificial, en libros de autoayuda y en redes sociales.
Algunas personas incluso cambian de trabajo, terminan relaciones, empiezan otras nuevas, viajan constantemente, consumen alcohol, drogas o se refugian en actividades que les permitan dejar de sentir durante unas horas.
En consulta suelo llamar a muchas de estas conductas actividades analgésicas.
No porque sean malas en sí mismas.
Sino porque, en muchas ocasiones, funcionan como un analgésico emocional: alivian temporalmente el malestar, pero no modifican aquello que lo mantiene.
Y cuando el efecto desaparece, el sufrimiento vuelve a aparecer.
El problema no eres tú. El problema suele ser la estrategia
Hay algo que me parece especialmente importante transmitir a las personas que llegan por primera vez.
Con mucha frecuencia creen que ellas son el problema.
Piensan que son demasiado sensibles, demasiado débiles o que simplemente nacieron así.
Sin embargo, cuando comenzamos a analizar lo que ocurre, la conversación cambia por completo.
No buscamos descubrir qué está mal dentro de la persona.
Intentamos comprender qué estrategias ha aprendido a utilizar para enfrentarse al malestar y por qué, aunque hayan funcionado durante un tiempo, hoy mantienen el problema.
Muchas veces descubren que llevan meses o años evitando situaciones, buscando certezas imposibles, intentando controlar pensamientos, escapando del miedo o esperando sentirse completamente bien antes de volver a vivir.
No porque estén rotos.
Sino porque aprendieron una estrategia que dejó de acercarlos a la vida que realmente desean.
La primera sesión suele cambiar mucho más de lo que imaginan
Hay algo que observo con bastante frecuencia cuando termina la primera consulta.
Muchas personas llegan esperando que les diga cuál es su diagnóstico o que les explique qué trastorno tienen.
En cambio, solemos dedicar ese tiempo a comprender cómo funciona el problema.
Mientras conversamos voy construyendo, junto con el consultante, diagramas que representan paso a paso cómo se mantiene su situación. Utilizo un sistema visual que proyecto durante la sesión para que ambos podamos observar el problema desde fuera, identificar qué conduce a qué y entender cómo se ha ido formando ese círculo vicioso con el paso del tiempo.
No se trata de dibujar por dibujar.
Se trata de que la persona pueda ver, por primera vez, aquello que durante años solo había sentido.
Cuando la sesión termina, comparto ese material para que pueda revisarlo posteriormente y recordar exactamente en qué punto del proceso nos encontramos.
Algo muy curioso ocurre entonces.
Muchas personas dicen una frase que resume perfectamente ese momento:
“Ahora entiendo qué me está pasando.”
Y comprenderlo cambia profundamente la manera en que empiezan a enfrentarse al problema.
Entender el problema también forma parte del tratamiento
Durante mucho tiempo se ha pensado que la terapia consiste únicamente en reducir síntomas.
Desde mi experiencia clínica, eso es quedarse corto.
Cuando una persona comprende qué objetivo persiguen muchas de sus conductas, por qué aparecen, qué consecuencias tienen y cómo terminan manteniendo el sufrimiento, deja de luchar contra sí misma.
Empieza a observar el problema con mucha más claridad.
Y cuando el funcionamiento deja de ser un misterio, el cambio deja de depender únicamente de la fuerza de voluntad.
Empieza a depender de aprender nuevas formas de responder ante aquello que antes la mantenía atrapada.
Entonces… ¿cuándo realmente merece la pena buscar ayuda?
Quizá la mejor pregunta no sea si tu problema es suficientemente grave para acudir al psicólogo.
Quizá la pregunta sea otra.
¿Cuánto tiempo llevas intentando resolver el mismo problema utilizando estrategias que no están funcionando?
Si llevas meses o años sintiendo que das vueltas sobre lo mismo, que cambias de escenario pero el sufrimiento vuelve a aparecer, que has probado múltiples soluciones sin conseguir una mejoría estable o que poco a poco has ido dejando de hacer cosas importantes para evitar sentirte mal, probablemente no necesites seguir intentando lo mismo una vez más.
Quizá necesites comprender qué mantiene realmente ese problema.
Y ese suele ser el primer paso para empezar a cambiarlo.
Si sientes que llevas demasiado tiempo intentando resolver solo aquello que te hace sufrir, la terapia puede ayudarte a comprender qué mantiene ese patrón y a construir estrategias mucho más coherentes con la vida que deseas vivir.
Brindo atención psicológica presencial en Lima, Perú, y también en modalidad online para consultantes nacionales e internacionales. Trabajo desde un enfoque conductual contextual y basado en evidencia, utilizando herramientas visuales y análisis funcional para que no solo te sientas mejor, sino que también comprendas profundamente qué está ocurriendo y cómo empezar a salir de ese círculo vicioso.
Puedes ponerte en contacto conmigo para resolver tus dudas o agendar una primera consulta haciendo click aquí. Quedo a disposición.
Atentamente,
Psic. Ruben Urquiza (Psicoterapeuta Conductual Contextual)
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